martes, 29 de diciembre de 2015

La Carmagnole (canción revolucionaria francesa de 1792)




1. Madam' Véto avait promis {2x}
De faire égorger tout Paris {2x}
Mais le coup a manqué
Grâce à nos canonniers


1. Veto Señora 'prometió {2x}
Para matar a todos los de París {2x}
Pero el intento fallido
Gracias a nuestros artilleros



{Refrain:}
Dansons la carmagnole
Vive le son vive le son !
Dansons la carmagnole
Vive le son du canon !


{Refrain:}
La blusa de la danza
Gran sonido de un gran sonido!
La blusa de la danza
¡Viva el sonido de la pistola!



2. Monsieur Véto avait promis {2x}
D'être fidèle à son pays {2x}
Mais il a manqué
Ne faisons plus quartier
{au Refrain}


2. El Sr. veto prometido {2x}
Para ser fiel a su país {2x}
Pero echaba de menos
Hacer más barrio
{Estribillo} Au



3. Antoinette avait résolu {2x}
De nous faire tomber sur le cu {2x}
Mais son coup a manqué,
Elle a le nez cassé
{au Refrain}


3. Antonieta había resuelto {2x}
Nos hacen caer en la cu {2x}
Pero su intento fracasó,
Ella tiene una fractura en la nariz
{Estribillo} Au



4. Son mari se croyant vainqueur {2x}
Connaissait peu notre valeur {2x}
Va, Louis, gros paour,
Du temple dans la tour
{au Refrain}


4. Su marido creyente ganador {2x}
Sabía poco acerca de nuestro valor {2x}
Ve, Luis, venta al por mayor miedo,
Templo de la torre
{Estribillo} Au



5. Les suisses avaient promis {2x}
Qu'ils feraient feu sur nos amis {2x}
Mais comme ils ont sauté
Comme ils ont tous dansé
{au Refrain}


5. El suizo había prometido {2x}
Ellos fuego contra nuestros amigos {2x}
Pero a medida que aumentó
Como todos bailaron
{Estribillo} Au



6. Quand Antoinette vit la tour {2x}
Elle voulut faire demi-tour {2x}
Elle avait mal au cœur
De se voir sans honneur
{au Refrain}


6. Antonieta vidas cuando la torre {2x}
Ella quería volver {2x}
Tenía dolor en el c? Corazón
Para ser sin honor
{Estribillo} Au



7. Lorsque Louis vit fossoyer {2x}
A ceux qu'il voyait travailler {2x}
Il disait que pour peu
Il était dans ce lieu
{au Refrain}


7. Cuando Luis vio fossoyer {2x}
Para aquellos a los que vio de trabajo {2x}
Dijo que mientras
Fue en este lugar
{Estribillo} Au



8. Le patriote a pour amis {2x}
Toutes les bonnes gens du pays {2x}
Mais ils se soutiendront
Tous au son du canon
{au Refrain}


8. El patriota tiene amigos {2x}
Toda la gente bien del país {2x}
Sin embargo, sostienen
Todo el sonido de los cañones
{Estribillo} Au



9. L'aristocrate a pour amis {2x}
Tous les royalistes à Paris {2x}
Ils vous les soutiendront
Tout comme de vrais poltrons


9. El aristócrata tiene amigos {2x}
Todos los realistas en París {2x}
Se le apoyará
Al igual que los cobardes real



10. La gendarmerie avait promis {2x}
Qu'elle soutiendrait la patrie {2x}
Mais ils n'ont pas manqué
Au son du canonnier
{au Refrain}


10. La policía había prometido {2x}
Se apoyará la patria {2x}
Pero ellos no han dejado de
En su artillero
{Estribillo} Au



11. Amis, restons toujours unis {2x}
Ne craignons pas nos ennemis {2x}
S'ils viennent nous attaquer,
Nous les ferons sauter
{au Refrain}


11. Amigos de siempre se mantienen unidos {2x}
No tengas miedo a nuestros enemigos {2x}
Si vienen a atacarnos,
Vamos a saltar
{Estribillo} Au



12. Oui, je suis sans-culotte, moi {2x}
En dépit des amis du roi {2x}
Vivent les Marseillais
Les bretons et nos lois
{au Refrain}


12. Sí, estoy sans-culotte, me {2X}
A pesar de los amigos del rey {2x}
Marsella en vivo
Bretones y nuestras leyes
{Estribillo} Au



13. Oui, nous nous souviendrons toujours
Des sans-culottes des faubourg {2x}
A leur santé, nous buvons,
Vivent ces francs lurons
{au Refrain}


13. Sí, siempre recordaremos
Sans-culottes de la Faubourg {2x}
En materia de salud, que bebemos,
Estos chicos viven francos
{Estribillo} Au

jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Por qué escribo? George Orwell


Desde muy corta edad, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor.  Entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros.

Era yo el segundo de tres hermanos, pero me separaban de cada uno de los dos cinco años, y apenas vi a mi padre hasta que tuve ocho. Por ésta y otras razones me hallaba solitario, y pronto fui adquiriendo desagradables hábitos que me hicieron impopular en mis años escolares. Tenía la costumbre de chiquillo solitario de inventar historias y sostener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio se mezclaron mis ambiciones literarias con la sensación de estar aislado y de ser menospreciado. Sabía que las palabras se me daban bien, así como que podía enfrentarme con hechos desagradables creándome una especie de mundo privado en el que podía obtener ventajas a cambio de mi fracaso en la vida cotidiana. Sin embargo, el volumen de escritos serios, es decir, realizados con intención seria, que produje en toda mi niñez y en mis años adolescentes, no llegó a una docena de páginas. Escribí mi primer poema a la edad de cuatro o cinco años (se lo dicté a mi madre). Tan sólo recuerdo de esa "creación" que trataba de un tigre y que el tigre tenía "dientes como de carne", frase bastante buena, aunque imagino que el poema sería un plagio de "Tigre, tigre", de Blake. A mis once años, cuando estalló la guerra de 1914-1918, escribí un poema patriótico que publicó el periódico local, lo mismo que otro, de dos años después, sobre la muerte de Kitchener.

 De vez en cuando, cuando ya era un poco mayor, escribí malos e inacabados "poemas de la naturaleza" en estilo georgiano. También, unas dos veces, intenté escribir una novela corta que fue un impresionante fracaso. Ésa fue toda la obra con aspiraciones que pasé al papel durante todos aquellos años.

Sin embargo, en ese tiempo me lancé de algún modo a las actividades literarias. Por lo pronto, con material de encargo que produje con facilidad, rapidez y sin que me gustara mucho. Aparte de los ejercicios escolares, escribí vers d'occasion, poemas semicómicos que me salían en lo que me parece ahora una asombrosa velocidad -a los catorce escribí toda una obra teatral rimada, una imitación de Aristófanes, en una semana aproximadamente- y ayudé en la redacción de revistas escolares, tanto en los manuscritos como en la impresión. 

Esas revistas eran de lo más lamentablemente burlesco que pueda imaginarse, y me molestaba menos en ellas de lo que ahora haría en el más barato periodismo. Pero junto a todo esto, durante quince años o más, llevé a cabo un ejercicio literario: ir imaginando una "historia" continua de mí mismo, una especie de diario que sólo existía en la mente. Creo que ésta es una costumbre en los niños y adolescentes. Siendo todavía muy pequeño, me figuraba que era, por ejemplo, Robin Hood, y me representaba a mí mismo como héroe de emocionantes aventuras, pero pronto dejó mi "narración" de ser groseramente narcisista y se hizo cada vez más la descripción de lo que yo estaba haciendo y de las cosas que veía. Durante algunos minutos fluían por mi cabeza cosas como estas: "Empujo la puerta y entró en la habitación. Un rayo amarillo de luz solar, filtrándose por las cortinas de muselina, caía sobre la mesa, donde una caja de fósforos, medio abierta, estaba junto al tintero. Con la mano derecha en el bolsillo, avanzó hacia la ventana. 

Abajo, en la calle, un gato con piel de concha perseguía una hoja seca", etc., etc. Este hábito continuó hasta que tuve unos veinticinco años, cuando ya entré en mis años no literarios. Aunque tenía que buscar, y buscaba las palabras adecuadas, daba la impresión de estar haciendo contra mi voluntad ese esfuerzo descriptivo bajo una especie de coacción que me llegaba del exterior. Supongo que la "narración" reflejaría los estilos de los varios escritores que admiré en diferentes edades, pero recuerdo que siempre tuve la misma meticulosa calidad descriptiva.

Cuando tuve unos dieciséis años descubrí de repente la alegría de las palabras; por ejemplo, los sonidos v las asociaciones de palabras. Unos versos de Paraíso perdido, que ahora no me parecen tan maravillosos, me producían escalofríos. En cuanto a la necesidad de describir cosas, ya sabía a qué atenerme. Así, está claro qué clase de libros quería yo escribir, si puede decirse que entonces deseara yo escribir libros. Lo que más me apetecía era escribir enormes novelas naturalistas con final desgraciado, llenas de detalladas descripciones y símiles impresionantes,  y también llenas de trozos brillantes en los cuales serían utilizadas las Palabras, en parte, por su sonido. Y la verdad es que la primera novela que llegué a terminar, Días de Birmania, escrita a mis treinta años pero que había proyectado mucho antes, es más bien esa clase de libro.

Doy toda esta información de fondo porque no creo que se puedan captar los motivos de un escritor sin saber antes su desarrollo al principio. Sus  temas estarán determinados por la época en que vive -por lo menos esto es cierto en tiempos tumultuosos y revolucionarios como el nuestro-, pero antes de empezar a escribir habrá adquirido una actitud emotiva de la que nunca se librará por completo. Su tarea, sin duda, consistirá en disciplinar su temperamento y evitar atascarse en una edad inmadura, o en algún perverso estado de ánimo: pero si escapa de todas sus primeras influencias, habrá matado su impulso de escribir. Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concretamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:

1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.

Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.

2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.

3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.

4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.

Puede verse ahora cómo estos varios impulsos luchan unos contra otros y cómo fluctúan de una persona a otra y de una a otra época. Por naturaleza -tomando "naturaleza" como el estado al que se llega cuando se empieza a ser adulto- soy una persona en la que los tres primeros motivos pesan más que el cuarto. En una época pacífica podría haber escrito libros ornamentales o simplemente descriptivos y casi no habría tenido en cuenta mis lealtades políticas. Pero me he visto obligado a convertirme en una especie de panfletista. Primero estuve cinco años en una profesión que no me sentaba bien (la Policía Imperial India, en Birmania), y luego pasé pobreza y tuve la impresión de haber fracasado. Esto aumentó mi aversión natural contra la autoridad y me hizo darme cuenta por primera vez de la existencia de las clases trabajadoras, así como mi tarea en Birmania me había hecho entender algo de la naturaleza del imperialismo: pero estas experiencias no fueron suficientes para proporcionarme una orientación política exacta. Luego llegaron Hitler, la guerra civil española, etc.

Éstos y otros acontecimientos de 1936-1937 habían de hacerme ver claramente dónde estaba. Cada línea seria que he escrito desde 1936 lo ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo. Me parece una tontería, en un periodo como el nuestro, creer que puede uno evitar escribir sobre esos temas. Todos escriben sobre ellos de un modo u otro. Es sencillamente cuestión del bando que uno toma y de cómo se entra en él. Y cuanto más consciente es uno de su propia tendencia política, más probabilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar la propia integridad estética e intelectual.

Lo que más he querido hacer durante los diez años pasados es convertir los escritos políticos en un arte. Mi punto de partida siempre es de partidismo contra la injusticia. Cuando me siento a escribir un libro no me digo: "Voy a hacer un libro de arte". Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es lograr que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética. El que repase mi obra verá que aunque es propaganda directa contiene mucho de lo que un político profesional consideraría inmaterial. No soy capaz, ni me apetece, de abandonar por completo la visión del mundo que adquirí en mi infancia. Mientras siga vivo y con buena salud seguiré concediéndole mucha importancia al estilo en prosa, amando la superficie de la Tierra. Y complaciéndome en objetos sólidos y trozos de información inútil. De nada me serviría intentar suprimir ese aspecto mío. Mi tarea consiste en reconciliar mis arraigados gustos y aversiones con las actividades públicas, no individuales, que esta época nos obliga a todos a realizar.

No es fácil. Suscita problemas de construcción y de lenguaje e implica de un modo nuevo el problema de la veracidad. He aquí un ejemplo de la clase de dificultad que surge. Mi libro sobre la guerra civil española, Homenaje a Cataluña, es, desde luego, un libro decididamente político, pero está escrito en su mayor parte con cierta atención a la forma y bastante objetividad. Procuré decir en él toda la verdad sin violentar mi instinto literario. Pero entre otras cosas contiene un largo capítulo lleno de citas de periódicos y cosas así, defendiendo a los trotskistas acusados de conspirar con Franco. Indudablemente, ese capítulo, que después de un año o dos perdería su interés para cualquier lector corriente, tenía que estropear el libro. Un crítico al que respeto me reprendió por esas páginas: "¿Por qué ha metido usted todo eso?", me dijo. "Ha convertido lo que podía haber sido un buen libro en periodismo." Lo que decía era verdad, pero tuve que hacerlo. Yo sabía que muy poca gente en Inglaterra había podido enterarse de que hombres inocentes estaban siendo falsamente acusados. Y si esto no me hubiera irritado, nunca habría escrito el libro.

De una u otra forma este problema vuelve a presentarse. El problema del lenguaje es más sutil y llevaría más tiempo discutirlo. Sólo diré que en los últimos años he tratado de escribir menos pintorescamente y con más exactitud. En todo caso, descubro que cuando ha perfeccionado uno su estilo, ya ha entrado en otra fase estilística. Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, de fundir el propósito político y el artístico. No he escrito una novela desde hace siete años, aunque espero escribir otra enseguida.

Seguramente será un fracaso -todo libro lo es-, pero sé con cierta claridad qué clase de libro quiero escribir.

Mirando la última página, o las dos últimas, veo que he hecho parecer que mis motivos al escribir han estado inspirados sólo por el espíritu público. No quiero dejar que esa impresión sea la última. Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el mismo fondo de sus motivos hay un misterio. Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender. Por lo que uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un bebé lloriquear para llamar la atención. Y, sin embargo, es también cierto que nada legible puede escribir uno si no lucha constantemente por borrar la propia personalidad. La buena prosa es como un cristal de ventana. No puedo decir con certeza cuál de mis motivos es el más fuerte, pero sé cuáles de ellos merecen ser seguidos. Y volviendo la vista a lo que llevo escrito hasta ahora, veo que cuando me ha faltado un propósito político es invariablemente cuando he escrito libros sin vida y me he visto traicionado al escribir trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías.

Joaquín Díaz "Canciones de navidad"


lunes, 9 de noviembre de 2015

"La mejor ecuación: música y revolución"


En el número de agosto de Viento Sur me pidieron un texto sobre política y música. "La mejor ecuación; música y revolución".

Ya se puede descargar  libremente aquí. En el mismo número varios temas relacionados muy interesantes. 

Resumo la presentación del número, a cargo de Marc Casanova y Toni García.


"En este Plural nos planteamos dar una muestra de cómo en diferentes épocas y contextos la producción y difusión de la música ha tenido una gran importancia en la construcción de identidades y movimientos políticos: 

Jeanne Moisand nos transporta hasta el siglo XIX, momento clave para el modelo de distinción entre “alta cultura”, “cultura popular” y “cultura de masas” que ha acompañado al desarrollo del capitalismo en el seno de los distintos campos de institucionalización de la cultura. La autora nos recuerda cómo los cambios en la música, especialmente en el periodo/movimiento romántico, discurrieron de manera paralela a la formación del mercado cultural global, de procesos revolucionarios e involuciones políticas y/o sociales que fueron conformando la matriz de los patrones culturales y los imaginarios de la Europa contemporánea. 

Rubén Caravaca, gestor cultural especializado en músicas populares contemporáneas, sigue el fino hilo que recorre una multiplicidad enorme de experiencias (contra)culturales, que han sido también políticas, hasta llegar al 15M y el contexto actual en el Estado español. De este modo, el autor intenta describirnos los procesos colectivos que han llevado hacía la posibilidad de un nuevo ecosistema cultural, que huya del modelo estatal como lo conocemos, subvenciones y ayudas sin más, y el mercantil puro y duro de las industrias del entretenimiento. Modelo basado en el compartir y no en el competir. 

La activista feminista María Bilbao presenta algunas de las cuestiones que atraviesa el conflicto de género en la música pop, y cómo aún en el siglo XXI sigue siendo difícil que desde ciertos estamentos del establishment cultural (oficial o “alternativo”) se reconozca la importancia de esta tensión. 

Joni D., protagonista y cronista de la escena punk barcelonesa de los 80, utiliza seis recuerdos de esa época para describir la importancia que tuvo la música punk en la configuración de una nueva subjetividad política en la ciudad catalana, que daría lugar al mayor movimiento de okupaciones urbanas en el Estado español. 

El sociólogo y político vasco Ion Andoni del Amo Castro hace un repaso a tres momentos clave de la producción y recepción musical en el País Vasco en relación con su historia reciente y la evolución de los movimientos sociales y políticos antagonistas, y con el papel de lo cultural en la construcción de la identidad nacional vasca. Apunta hacia una cuestión que consideramos muy interesante, la de cómo en los años recientes los repertorios musicales de los espacios de resistencia/agregación colectiva/participación política han ido diversificándose, y no solo en Euskal Herria. Parece que ya no fuera tan necesaria la búsqueda de una identidad, de una identificación, y por tanto de una cierta homogeneidad, sino que múltiples y diversos significantes estéticos pueden ser resignificados en términos políticos. Este proceso no se desarrolla, por supuesto, sin resistencias por parte de las inercias anteriores". 

Marc Casanovas y Toni García, editores

martes, 13 de octubre de 2015

Servando Rocha, ¿la triple PPP frente a la doble PP?


Servando Rocha.
Servando Rocha.
Conversación con Servando Rocha publicada en  El Asombrario 
el pasado viernes.
Si hubiera que calificar de alguna manera a Servando Rocha es de activista de lo subcultural y lo contracultural, y analista de la violencia en la cultura dominante. Lleva más de dos décadas explorando y difundiendo expresiones donde lo político y lo cultural circulan en una misma dirección. Natural de la isla de La Palma, fundó en 1996 el Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera. Escritor, abogado, músico y editor, sus publicaciones nos han acompañado en los últimos años, visibilizando mundos muy cercanos en su mayoría silenciados.
Autor de obras como El ejército negro (Un bestiario oculto de América), Nada es verdad, todo está permitido (El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs), La facción caníbal (Historia del vandalismo ilustrado), Mirad a vuestros verdugos, Nos estamos acercando (La Historia de Angry Brigade), Agotados de esperar el fin (Subculturas, estéticas y políticas del desecho), Historia de un incendio (Arte y revolución en los tiempos salvajes: de la Comuna de París al advenimiento del punk) y Los días de furia (Contracultura y lucha armada en los Estados Unidos, 1960-1985. De los Weathermen, John Sinclair y los Yippies al Black Panther Party y los Motherfuckers).
Este sábado, 10 de octubre, se presenta la reedición ampliada de Motherfuckers! De los veranos del amor al amor armado. Será una noche enmascarada, especial y al aire libre, donde se proyectará el documental ‘Up Against the Wall Motherfuckers!’ y posteriormente actuará J. L. Maire, mago del sonido (improvisación electroacústica, música experimental, sintetizadores); también se repartirán “mapas motherfuckers de Nueva York’.
Esta cita, en El Campo de Cebada de Madrid a partir de las 21.00 horas, ha sido el pretexto para conversar con Servando Rocha.
(www.servandorocha.com).
¿El Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera fue un sindicato que sucumbió ante las delicadezas / sutilezas del poder?
Creo que fue un ejercicio de honestidad y de autocrítica, algo bastante inusual en medios militantes y activistas. En esta época casi todo tiende a medirse cualitativamente. Se suman personas o likes, se cuentan cifras. Nosotros siempre trabajamos en otros sentidos, en el aspecto cualitativo. En el colectivo de trabajadores culturales, en un momento dado, vimos que teníamos demasiados amigos, que todo se había vuelto confuso, demasiado cercano a medios que rechazábamos (el artístico como mera contemplación snob, el museo que pretende reinventarse). Todo el mundo parecía estar de acuerdo con las acciones que hacíamos y lo que decíamos en nuestros manifiestos y comunicados. Había que parar, tomar aire. Cuando te conviertes en algo previsible, eres controlable. Siempre se ve llegar este momento, pero muchos lo aceptan. Nosotros, no.
¿Ocurrió por ser un sindicato presidencialista?
No aspiraba a ningún sillón, sino todo lo contrario. Desaparecimos como grupo de agitación, pero formamos otros grupos, colaboramos desde la base con otra gente. Fue la época de algo tan bello como el Instituto del Tiempo. Intuíamos un cambio que luego aconteció. Eran los meses anteriores al 15M.
¿Cuándo y por qué decidió pasar a la clandestinidad y con ello convertirse en un nido de espías, contraespías, dobles agentes, donde nadie sabe con certeza para quién trabaja?
Fue un acto reflejo, algo automático, un punto de partida que siempre tuvimos delante de nosotros. El arte se construye a partir del contagio, las emociones compartidas generalmente por un pequeño grupo de agitadores. Lo político, para nosotros, funcionaba de la misma manera. La literatura no es otra cosa que compartir un secreto. Se actúa como un intrigante. Las ideas se vuelven bolas de fuego.
Portada de Motherfuckers.
Portada de Motherfuckers.
¿Es preferible ser ludista o felguerista?
Los ludistas destruían las máquinas. Quedan muchas máquinas por destruir. Tranquilos, se puede trabajar en ambos grupos secretos.
Estamos en plena guerra. La política ya no es la protagonista principal del eje del mal. El aburrimiento y la apatía parecen serlo en mayor medida, ¿se debe combatir? ¿Es preferible seguir callados y suicidarse poco a poco con tanto tedio?
No hay terror más profundo que eso que Barnet Newmann decía: “Terror es que no suceda nada”. En una era donde se nos vende el movimiento perpetuo se tiende hacia lo contrario. Debemos buscar dentro de nosotros, cultivar el sentido de espera, el cortejo, también el esfuerzo. No hay nada más revolucionario que hacer las cosas por el simple placer de hacerlas, sin esperar algo a cambio (de la divinidad, de la sociedad, de la chica que nos gusta). Nosotros somos los destinatarios de aquello que hacemos, de lo que cultivamos a diario, para bien o para mal. Existe la tendencia a culpar de todo a agentes externos, pero casi siempre los responsables somos nosotros.
Pasión, Pornografía, Punk. La TRIPLE PPP no existe, ¿habría que crearla como alternativa a la DOBLE PP, Partido Patético?
La pasión es un motor sin el que nada vale la pena hacer. No hay aventura posible sin ella. La pornografía: no creo que haya otra pornografía posible. Sin darle excesiva importancia, creo que es lo que es, sin más. Lo cual, desde cierto punto de vista, ya es terrible en sí misma. El punk, como movimiento vinculado a unos grupos y a un momento, desapareció fagocitado, murió en un éxito vanidoso. John Lydon lo advirtió. A los seis meses del inicio, todo el mundo se imitaba. La provocación dejó de provocar y se convirtió en parte de un paisaje y un país. Demasiado afectado a una edad, a un lenguaje. Se convierte en aburrido.
¿El sistema de partidos tiene sentido?
Tiene sentido para los que creen en gobiernos y en ser gobernados. Tiene sentido para sofocar los fuegos. La pregunta importante es si el auge de partidos izquierdistas servirá de apagafuegos, si los bomberos de la izquierda apagarán el fuego que les hizo llegar adonde están. O si, por el contrario, servirán para avivar algo, si marcarán un punto de no retorno hacia una sociedad mejor. Aunque yo tengo mi propia opinión y esta no es muy optimista acerca de los partidos políticos, también entiendo lo pequeño que al mismo tiempo es un mundo. La gente es desahuciada y la situación social y económica es terrible. Esa gente, en su particular mundo que también es el nuestro, necesita una salida. Aunque sean soluciones individuales, pondría la mano en el fuego por que sucediera, aunque el final del camino sea la desmovilización y el aislamiento, incluso la criminalización.
¿Y los sindicatos?
Bancarrota.
¿Existe la nueva política?
Existe una nueva manera en que la política se expresa, un nuevo lenguaje que está siendo adoptado incluso por la derecha. Un partido como Ciudadanos es producto de este tiempo. En el fondo, no es nada nuevo, pero sí que era necesario para que estas propuestas pudieran expresarse con perspectivas cuantitativas. Todos quieren ganar, no se cansan de repetirlo. El liberalismo, el socialismo, la ciudadanía… son palabras que sirven para todo pero que, en realidad, no significan nada hoy. Más allá de las palabras, ese estilo en el lenguaje refleja que el futuro pasa por vender una jaula de oro.
¿El terrorismo poético es alternativa al resto de terrorismos?
Tiene que ver con la mirada. La única forma de resistir esta época es reencantando nuestra mirada. Existe una mirada obtusa, una luz cegadora, un exceso de imágenes. El resultado es el fundido en negro. Reencantar la mirada tiene que ver con redescubrir nuestro barrio, nuestras calles, nuestro propio pasado, no obsesionarnos con el peso de la novedad y devorar con lentitud lo que hemos sido, lo que somos. Si la poesía tiene algo que decir hoy en día, quizás sea esta su viabilidad.
Cartel de presentación de Motherfuckers.
Cartel de presentación de Motherfuckers.
¿Todos somos absorbidos por el sistema?
Depende. Esa frase puede ser peligrosa, una excusa para quedarnos con los brazos cruzados. La pregunta puede ser formulada de otra forma. Si hoy supiéramos que nuestra aventura amorosa terminará en dos o tres años entre llantos y reproches, ¿acaso no la viviríamos igualmente? Trabajamos en base a un sentido de la esperanza a veces absurdo. La esperanza es un motor, pero no es imprescindible en un sentido de progreso, de tiempos. Se lucha y resiste porque está en nuestra naturaleza, porque es lo que debemos hacer, no porque creamos que ganaremos. La historia, en este sentido, puede ser desalentadora, pero muchos de nuestros héroes y heroínas son figuras derrotadas.
¿Es más cómodo recrear mundo lejanos: panteras blancas, Angry Brigade, Ejército Negro, Motherfuckers…, ¿qué próximos?
Sí, definitivamente. Pero son mundos que no hay que desatender, porque explican lo que somos hoy en día, para evitar que los nombres que citas se conviertan en historia, en cadáveres del tiempo, ballenas varadas en ningún lugar. Lo importante es que podamos reconocer en estas experiencias parte de lo que somos hoy. Hacer del pasado algo vivo. Hacer que los muertos del pasado se paseen por el presente de los vivos.
¿Cuáles son los motivos de tanta desmemoria histórica?
La memoria puede ser un arma. Sin memoria nos sentimos caídos del cielo, fantasmas de un presente que no comprendemos. Nos da anclajes y puntos de partida, pero no es suficiente. Luego hay que posicionarse, trabajar con lo que tenemos ahora.
¿Quiénes eran los Motherfuckers?
Fueron una de las experiencias históricas y vitales más importantes de los sesenta. Sus implicaciones han llegado hasta nuestros días. Fueron la cara oculta de la Luna, de lo que se vendió como la fiesta de los sesenta. Sus comunicados y panfletos son de los más bellos del siglo pasado. Resultan inspiradores y contagiosos. Tuvimos la oportunidad de conocer al que fuese su cabeza visible, Ben Morea. Ese momento reafirmó lo que sospechábamos: que no había cartón piedra, que la mirada sigue viva, que podemos hacer algo.
Vuelven ahora a Madrid, a Móstoles a El Campo de Cebada ¿podemos caminar juntos?
Sin duda. Intentaremos que el acto de presentación sea un cónclave inspirador, un momento ideal para reforzar algo imprescindible hoy en día: la comunidad. Crear comunidad, comunidades.
¿Ha habido algo similar entre nosotros?
En otro contexto, por supuesto. Ahora la tarea quizás pasé por redescubrir todos y cada uno de esos Motherfuckers que vivieron en nuestras calles y plazas. Y todas las heroínas olvidadas. Siguen estando ahí. Basta con decir su nombre.
Valle Inclán, Arthur Conan Doyle, Bakunin, William Blake, Thomas de Quince, William Burroughs, Hakim Bey. ¿Qué tienen en común?
Construyeron sus propios mundos para evitar lo que uno de ellos, el gran William Blake, advirtió: “O creas tu propio sistema o el sistema te destruye”.
¿Y ellas? ¿Quiénes son las que crean su propio sistema?
Hay tantas. Unos cuantos nombres que nos gustan: Thèroigne de Mèricourt, Emma Goldamn, Gee Vaucher, las WITCH, Valerie Solanas. Toda esa herstory que aún hoy permanece soterrada. Hay que visibilizarla.
Letizia Ortiz lee a Alan Moore, ¿nos merecemos realmente una reina así?, ¿sobrepasa a la mayoría?
Posiblemente sea una reina como las otras, frecuentemente obsesionada con lo oculto. No le gusta ser reina. Busca su contrahechizo para romper su hechizo. No lo logrará.
¿Carmena es el diablo?
Ojalá.
Añade lo que quieras.
Infinitas gracias.